viernes, 16 de enero de 2009

"Si vuelvo a mi país me matan, si me quedo en España soy un 'sin papeles"

[Publicado en ADN.es el 20 de junio de 2008, día mundial del refugiado]


En 2007 España otorgó el estatuto de refugiado al 3% de los solicitantes | Un colombiano amenazado por los paramilitares, una etíope expulsada de su país y un palestino acusado de terrorismo por Israel cuentan a ADN.es su 'vía crucis' para obtener el derecho de asilo




7.662 personas solicitaron el derecho de asilo a España en 2007. Afirmaron que en su país corrían peligro de muerte porque se han visto involucrados en un conflicto que les supera, alegaron que vivir lejos de los suyos, pero en una democracia pacífica, era la única opción que les quedaba.

El Gobierno examinó los casos y consideró que 204 podían demostrar su situación, según los datos dados a conocer el jueves por la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR). Es decir, el 3% de las solicitudes estudiadas. La mayoría apelará. Algunos ganarán la pelea con la administración, enseñando por segunda vez los mismos papeles. Otros perderán y tendrán que elegir entre quedarse sin papeles o volver al país donde dicen que les persiguen.

La ONU celebra este viernes el día mundial del refugiado, para dar visibilidad a 40 millones de personas a través del planeta (entre refugiados propiamente dicho, desplazados internos y apátridas), el equivalente de la población española. Tres de ellos han explicado a ADN.es la situación en la que se encuentran. Sus relatos son las descripciones de tres conflictos que asolan sus países: Colombia, Etiopía y los territorios palestinos. Pero sobre todo son las duras historias de ciudadanos que entendieron que tenían que elegir entre vivir exiliado o morir en su tierra.

José Alirio Colorado llega a la entrevista con una carpeta. Artículos de prensa, amenazas escritas y firmadas, con sus nombres y apellidos, los de su esposa y de sus hijos, comunicaciones oficiales de la presidencia de su país para explicarle las pautas que debía seguir para limitar el peligro.... Decenas de documentos que demuestran que en su país de origen, Colombia, está amenazado por los paramilitares, después de convivir con el miedo a la guerilla de las FARC.

Colorado era alcalde de Santuario, una localidad de 15.000 habitantes atrapados entre dos fuegos, en sus palabras, "el epicentro de la guerra". Mataron a su hermano y a cinco de sus concejales, en el propio municipio. José Alirio dice que se convirtió en un "objetivo militar", como ellos dicen, cuando los paramilitares entendieron que no compartía su ideología ni estaba dispuesto a negociar con ellos. Enseña un artículo de un periódico local sobre la muerte de su hermano en la finca de sus padres. "Yo me salvé gracias a un arma y mi habilidad" .

Antes de aquello, los paramilitares secuestraron a Colorado y le mantuvieron preso durante "cuatro días, que fueron como cuatro años". Entonces hiceron un trato: él abandonaba su pueblo, donde volvía a presentarse en las elecciones municipales, y ellos le perdonaban la vida.

Destino Tel Aviv, escala en Madrid

El ex alcalde aguantó unos años más en Colombia, hasta el asesinato de su hermano. Entonces entendió que debía abandonar su país. Primero acudió a la Embajada de España para solicitar el derecho de asilo. Se lo denegaron, como a la inmensa mayoría de los solicitantes. Esta vía diplomática existe en España y pocos países más. En la Unión Europea piensan copiar el modelo español, en España planean quitarlo, según Ignacio Díaz de Aguilar, el presidente de CEAR.

Entonces Colorado optó por la única vía que le quedaba: en 2006 cogió un avión con destino a Tel Aviv. No es que el político quisiera vivir en Israel, pero el Estado sionista es de los pocos que no exigen un visado. Y los vuelos Bogotá - Tel Aviv hacen escala en Madrid. Según el informe anual de CEAR, "como siempre sucede cuando la necesidad es imperiosa, poco a poco se conoció [esta] opción alternativa [...]. Esta escala se ha acabado convirtiendo el la principal vía de entrada a España de los solicitantes de asilo colombianos", los más numerosos en 2007.

En el aeropuerto de Barajas, Colorado defendió su caso por primera vez. Ahora acaba de saber que su solicitud ha sido denegada. Aún no sabe por qué, dado que la sentencia no le ha sido notificada todavía. El 26 de junio, le dirán probablemente que su relato es incompatible con la versión que haya podido contar algún familiar, por algún detalle que no cuadre, dice su abogado, Arsenio García. Colorado y García ya han decidio apelar ante la Audiencia Nacional. "Es una historia creíble al 100%", alega el letrado. "Desde CEAR creemos que cuando estamos ante un caso real, siempre hay posibilidades [de conseguir el estatuto]".

José Alirio no puede volver a Colombia, donde está convencido que le matarán. Tampoco quiere vivir como un sin papeles, porque su padre le ha enseñado a vivir respetando las leyes dice. "Es una sentencia injusta", concluye.

Recurso exitoso

Hiwad (nombre ficticio) pasó por los mismos apuros: a esta etíope de 36 años, expulsada de su país por tener a un padre eritreo, también le denegaron su primera petición de asilo. Su pecado consistió en ser la hija de un eritreo, justo después de la guerra entre ambos países. Etiopía expulsaba entonces a los que consideraba eritreos, aunque su padre murió combatiendo a los separatistas en el Ejército de Hailé Mariam Mengistu. "Yo soy etíope, nací en Etiopía, no tengo ni idea de Eritrea ni hablo su idioma", precisa durante la entrevista en las oficinas de Accem, una asociación especializada que le ayudó con los trámites.

Después de dos años sin poder trabajar en su país, Hiwad consiguió entrar en España en 2000 siguiendo a su esposo, que obtuvo una beca de estudios en una universidad española. Después de un primer rechazo de su solicitud, recurrió, volvió a presentar los mismos papeles y esa vez funcionó. "Es absurdo", remata.

"Soy un deportado"

El último refugiado no se considera como tal. "Yo no soy un refugiado, soy un deportado", dice por teléfono. Ibrahim era uno de los 200 palestinos que buscaron refugio en la basílica de la Natividad de Belén cuando Israel dirigió una incursión militar en Cisjordania en abril de 2002. El asedio a la basílica provocó la muerte del campanero y de 19 palestinos, considerados como terroristas por Tel Aviv. "Israel llama terrorismo cualquier resistencia a la ocupación. Da igual que uses una piedra, un arma o un artículo", dice Ibrahim, que, según relata, pasó tres años en la cárcel por tirar una piedra contra israelíes.

El asedio concluyó con un acuerdo entre el Estado sionista, la Autoridad Nacional Palestina y la Unión Europea. Según el pacto, 26 palestinos iban a ser transferidos a la franja de Gaza y 13 a países europeos. "Yo estoy en España, no lo he elegido" explica el Palestino desde Zaragoza.

"No nos querían considerar refugiados políticos, pero tampoco inmigrantes normales", cuenta. Ibrahim tiene un permiso de residencia "por circunstancias excepcionales", un estatuto intermedio que no le pemite trabajar. "Llevo seis años sin trabajar. Me ha destruido al nivel de la personalidad", confiesa. Al contrario de de los refugiados que huyeron de su país, Ibrahim quiere regresar cuanto antes. "Es mi única esperanza, juntarme con mis amigos".

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