domingo, 18 de enero de 2009

¿Qué hacemos con las monedas de un céntimo?

[Publicado en ADN.es el 1 de septiembre de 2007. Creo recordar que el tema lo sugirió Antonio -conocido como Antonio Fogonazos-. Generó bastante debate entre los lectores del periódico... y los de meneame. Entonces, casi no se hablaba de "la crisis".]

EEUU es el último país que se suma al debate sobre la utilidad de mantener las piezas más pequeñas, cuyos costes de fabricación superan su valor mercantil



No las puedes utilizar para comprar un café en la máquina de la oficina ni para pagar el parquímetro. Cuando acumulas muchas, deforman tus bolsillos pero no sumas ni un euro. Y si ves una en la calle, probablemente no te inclinarás para recogerla.

Varios países ya prescinden de las monedas de uno y dos céntimos. En Finlandia, desde el principio han decidido no acuñarlas. En Bélgica y Holanda, han preferido redondear los precios para que las monedas desparezcan de forma "natural". Y en Estados Unidos, un congresista lidera una lucha similar: quiere acabar por ley con el penny, la moneda de un céntimo de dólar.

¿Podría pasar lo mismo en España? Aquí esas monedas también son impopulares: según un estudio del Eurobarómetro, el 73% de los españoles desea la desaparición de la moneda más pequeña; en cuanto a la de dos céntimos, suscita el rechazo del 64%.


Cuesta 1,81 céntimos producir una moneda de un céntimo


Además de ser poco utilizadas, las monedas de uno y dos céntimos tienen importantes costes de producción; aunque la Fábrica Nacional de Moneda no quiere revelar la cifra, sus costes son parecidos a los de sus homólogas europeas. Según un informe del Gobierno belga, cuesta 1,81 céntimos producir una moneda de un céntimo, y 2 céntimos una de dos.

Pero en los últimos cuatro años, la pieza menos "rentable" ha sido la más producida en España: desde 2003, se emitieron entre 391 y 496 millones de unidades cada año. El número de monedas de un céntimo producidas en 2006 representa más del 30% de los nueve valores acuñados. Además, el precio mundial del metal que se utiliza, el acero -el cobre que le da el color rojo sólo es una fina capa-, casi no ha dejado de subir en los últimos años, así que es poco probable que las monedas sean más baratas en el futuro.

También agobian a los bancos y a los comerciantes, que dicen que pierden mucho tiempo con ellas, porque las monedas de 1, 2 y 5 céntimos son difíciles de distinguir, tanto para ellos como para sus clientes. En Bélgica, un país cuatro veces menos poblado que España, los bancos calcularon que las operaciones con las monedas más pequeñas les cuesta 1 millón de euros al año.

Debate sobre la inflación

Ahora bien, el gran temor es el de los consumidores: si los comerciantes sólo pueden establecer precios múltiples de cinco céntimos, seguro que redondearán al alza. Esta opinión la comparte el 65% de los españoles, según el Eurobarómetro.

"La gente sólo utiliza monedas de 50 céntimos y por arriba. Todas las demás se podrían suprimir"


Pero Antonio Sáinz Fuertes, catedrático de organización de empresas en la Universidad San Pablo-CEU, cree que esta idea es errónea. "En España y en las economías más desarrolladas de la UE, esas monedas no se usan, entonces suprimirla no crearía ninguna inflación", argumenta. "El efecto sería nulo, porque los ajustes [el aumento de los precios con el cambio al euro] ya se han producido", detalla el profesor.

Entonces, si son costosas e inútiles, ¿por qué se las sigue emitiendo? "Porque aquí no ha habido un debate tan abierto como en otros países", dice Sáinz, "pero basta ir a cualquier mercado para verlo: la gente sólo utiliza monedas de 1, 2 euros y de 50 céntimos. Todas las demás se podrían suprimir perfectamente"

Asimismo, los adversarios de las monedas rojas argumentan que conviene aplicar el redondeo no a cada artículo que uno compra, sino al total indicado en el ticket de la caja, para limitar el temido aumento de los precios.

La inflación es "un riesgo claro y evidente" que amenaza primero a los más pobres


Pero Eugenio Ribon, asesor jurídico de la Confederación española de amas de casa, consumidores y usuarios (CEACCU), no lo tiene tan claro. "Si compras 500 artículos, no notarás la diferencia, pero ¿qué pasa si sólo compras dos?", pregunta. Ribon opina que la inflación es "un riesgo claro y evidente" y que amenaza primero a "las capas más débiles de la población".

Además, insiste en que "no es ninguna demanda de los consumidores". Y al ser confrontado a la encuesta del Eurobarómetro, precisa que "una cosa es la respuesta en los sondeos, otra de dónde parte la iniciativa". Según Ribon, la propuesta interesa a los empresarios, no a los consumidores.

Pero tampoco hay que descartar que el redondeo se haga a la baja, en algunos casos muy concretos. Si los directores de venta no quieren abandonar el supuesto efecto psicológico de la típica etiqueta de 99,99 euros, tendrán que renunciar a cuatro céntimos.

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